Una hacienda grande

La crónica de la hacienda se remonta hasta el General Don Ignacio Checa y Carrascosa de la Torre, quien apenas terminado su Corregimiento en Loja, regresó a Quito y compró la hacienda "Tumbaco" en el año 1784. Así lo declara, que se compone de la hacienda "Chiche", que linda con el Obraje de la Viña y con los vecinos de la hacienda "Rojas" en Cumbayá, que fuera propiedad de su suegra: la señora Doña Juana Arauz y Rojas, quien había heredado de su madre, junto con sus hermanos dicha propiedad.

La hacienda Tumbaco tenía Obraje y era muy extensa, pues llegaba hasta el Quinche. Se dividió en la hacienda Tumbaco, hasta el Río Chiche y desde ahí se llamó Chichesito.

La señora Doña Josefa Cabrera de Barba, ya viuda, declara haber convenido ante el José Enríquez Osorio, la venta del Obraje y haciendas "Chiche" y "Cuñiburo" en 21.600 sucres. Se rescindió del contrato en 1791.

La compra el Coronel Don Feliciano Checha y Barba y la vende en 1816, en ese entonces comprendía desde el río San Pedro hasta el valle del Quinche "incluido lo que hoy es la población de Checa, que se la nominó en su memoria". Dice que le había comprado en 1796, ante el Notario 6, José Enrique Osorio "de la 4ta. Notaría en reemplazo". La vende por cuanto no puede atenderla en vista de "los bandoleros que asolan ese lugar e imposibilitan el acceso y explotación de las tierras. Por la misma razón no hay labriegos y los indios se han retirado a las montañas. Solo quedan los feroces indios Apianda, que no quieren trabajar".

Las Divisiones

En sucesivas ventas la propiedad se divide en muchas partes, entre ellas Chiche - Puembo de la que se dice que se dividió en Chiche Obraje, Chichesito 1, Chichesito 2, Chilpe, Chilpe Grande, Chaupi-Estancia, Chontac, La Tola, La Palma, La Quinta, La Merced, San José, etc. Hasta 1900.

Antes de eso en 1837 la compra Doña Catalina Valdivieso esposa del doctor José Félix Valdivieso y Valdivieso y es arrendada a diferentes personas hasta el año de 1852 cuando la compran los herederos de Don Manuel Tobar y Lasso de la Vega quienes la arriendan a Carlos Rodolfo Tobar y Guarderas en 1890, casado con María Eva Borgoño.

En 1890 pertenece a Don Manuel Tobar y Lasso de la Vega y su esposa Francisca Guarderas y Villacís quienes dejan en herencia en 1890 a nombre de sus dos hijos: Carlos Rodolfo e Isabel Tobar Guarderas y se divide en San Carlos y San José o el Obraje: San Carlos pasa a poder de José Julio Tobar, primero en arrendamiento en 1909 y posteriormente por compra en 1930.

En 1937, el doctor Julio Tobar Donoso, se casó con la señora Ángeles García Gómez y juntos compraron la hacienda que pasó a llamarse Chiche Tobar

Personajes

Angelita y Julio tuvieron cinco hijos. El segundo hijo, el "Padre Julito", fue provincial de los Padres Jesuitas por dos ocasiones y fundador del instituto "Nuestra Señora de Guadalupe" y de otras organizaciones importantes como Fe y Alegría; acompañó al Papa Juan Pablo II en su visita a Quito y en especial a la iglesia de la Compañía, donde tuvo la alegría de oír que el Póntifice hacía alusión al ilustre ecuatoriano que escribió con sabiduría la "Iglesia Moderadora de la Nacionalidad" refiriéndose al doctor Julio Tobar.

Francisco Tobar García, el cuarto hijo , fue escritor, director y actor del "Teatro Independiente", así como catedrático y tesorero de la Universidad Católica del Ecuador. Su vasta obra litería es reconocida en el Ecuador y en el extranjero y cuenta con un interminable grupo de lectores y admiradores.

Fernando, el quinto hijo, fue experto en banca y secretario de la Superintendencia de Bancos por casi treinta años. Forjó la familia Tobar Carrión, destacada por la intelectualidad de sus hijos.

Para cerrar esta corta cronología familiar, conviene retomar nuevamente la figura del doctor Tobar Donoso: cofundador de la Universidad Católica y de la primera Escuela de Derecho, quien permaneció en el Decanato de la Universidad Católica por más de veinte años. Además fue Canciller y firmó el Tratado de Río de Janeiro. Autor de más de cuarenta libros, honró a la Corte Suprema por muchos años.

Nostalgias

Si queremos hablar de la Hacienda Chiche Tobar, un caudal de reminiscencias vienen a mi mente: nuestros padres nos enseñaron a gozar de esta tierra a través de cabalgatas, de paseos por los caminos vecinos y por lejanas propiedades; cómo olvidar el mandarinal, sembrado por ellos, donde tomábamos jugo hecho por nuestra madre; también estaba la huerta, donde ahora se construyó la residencia de la familia Arias Tobar; cómo no mencionar los montes, las corridas anuales de toros en Yaruquí, el trecho al Quinche para visitar a la Virgen...Nuestro padre muchas veces contaba los árboles que habían crecido en la avenida más transitada por los dueños para dar, igual que ellos, sombra y placidez.

En las instalaciones de la hacienda también se enseñó catecismo para niños de ambos sexos, que recibían luego la primera comunión. En el oratorio, presidido por un Hermoso Cristo de la Escuela Quiteña, se rezaba el rosario y se escuchaban las misas celebradas por el Padre Julio Tobar, un sacerdote amado y admirado por aquellos que lo conocían.

El doctor Tobar se preocupó profundamente por cada uno de los ayudantes y jornaleros; hizo construir casas para muchos de ellos. Venía los sábados en compañía de un bondadoso nieto.

Por otra parte, en las instalaciones de esta hermosa casa se han agasajado a ilustres personalidades del mundo de la cultura, a Ministros de la corte Suprema de Justicia...Además, visitaron Chiche Tobar los delegados de la Quinta conferencia de la Lengua Castellana, la que el doctor Tobar Presidió, y en múltiples ocasiones vinieron de visita parientes colegas y amigos de hijos y nietos... Nuestros padres amaron a sus sobrinos; algunos fueron discípulos de mi padre en la Universidad Católica, más tarde colegas y coautores en diferentes cátedras.

Y esta es parte de la historia ...

El propio nombre de esta casa Su Merced, exquisitamente restaurada, evoca un regalo y entrega de servicio tan profundos como en el mismo Siglo XVI.

Queda en la historia y en nuestros corazones el agradecimiento y felicitación realizado por la familiar Tobar a través de la señorita Rosario Tobar García por la restauración de la hacienda y por dotarle de nueva vida sin olvidar su historia.

Por ello, se hace necesario mencionar que lo primero que se restauró fue El Oratorio, en el que se rezaba el rosario y se escuchaban las misas celebradas por el Padre Luis Alberto Luna Tobar, sacerdote ecuatoriano amado y admirado por aquellos que lo conocían.

Leer más:Nuestra Historia

Su Merced está localizada en una antigua casa de hacienda cuyos registros históricos datan de 1784 pero que, por sus características arquitectónicas, se presume que fue construidas a inicios del siglo XVII.

La Casa de Hacienda ha sido cuidadosamente restaurada y cuenta con todos los servicios necesarios para brindarle una experiencia única en su estadía, sin embargo, tiene mucho más que eso: su esencia reflejada en arte y arquitectura.

Le invitamos a descubrir, a continuación un pequeño adelanto de lo que encontrará en Su Merced, le invitamos, a que siga la huella de la historia, o marque una nueva.

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